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Practicantes: correr, resistir y no quebrarse en el intento

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prácticas

Ser estudiante en prácticas es aprender a vivir al límite. No por elección, sino por sistema. Es levantarse temprano para cumplir en un medio, correr luego a la universidad, atravesar una ciudad que nunca ayuda y llegar siempre con la sensación de que se está llegando tarde a todo. A clases, al trabajo, a la vida.

En el papel, las prácticas preprofesionales son una etapa formativa. En la realidad, muchas veces se parecen más a un ensayo de supervivencia. Jornadas largas, exigencias altas y una constante presión por rendir, aun cuando no hay contrato, sueldo ni garantías mínimas. Se espera compromiso, responsabilidad y resultados, pero pocas veces se considera el desgaste físico y emocional del practicante.

A esto se suma una universidad que, en muchos casos, no logra adaptarse a esta realidad. Los horarios académicos no siempre dialogan con los horarios laborales, y el estudiante queda atrapado entre cumplir con el medio o cumplir con la asistencia. El tráfico, los retrasos del transporte público y la distancia entre ambos espacios hacen que cada día sea una carrera contrarreloj. No hay margen para enfermarse, cansarse o simplemente fallar.

El discurso del “esfuerzo” suele romantizar esta etapa. Se repite que “así se empieza”, que “todos pasaron por eso”. Sin embargo, normalizar el agotamiento no lo hace justo. Menos aún cuando el acceso a mejores oportunidades no siempre depende del mérito, sino de los contactos: el hijo de, el amigo de, el recomendado de. Frente a eso, el practicante que cumple, que corre y que se esfuerza, se pregunta si todo ese desgaste realmente valdrá la pena.

El camino tampoco termina al acabar las prácticas. Obtener el bachiller y el título profesional implica más gastos, más trámites y más tiempo. Para muchos estudiantes, ese proceso resulta tan costoso que se vuelve una nueva barrera. El esfuerzo académico no siempre es suficiente cuando el factor económico pesa más que la vocación o el talento.

Ser practicante es vivir con la incertidumbre constante. No saber si mañana habrá una oportunidad real, si el sacrificio será reconocido o si, pese a todo, igual se quedará fuera. Aun así, miles de jóvenes siguen adelante. No porque el sistema funcione, sino porque no queda otra.

Quizá sea momento de dejar de exigir resiliencia como única respuesta y empezar a cuestionar las condiciones en las que se forman los futuros profesionales. Porque aprender no debería significar romperse. Y porque ningún bachiller vale la pérdida de la salud mental de quien solo intenta abrirse paso en un mundo que rara vez se detiene a mirar hacia abajo.

Canastas de cartón y gestos de ocasión

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canasta navideña

Diciembre convierte a muchas empresas en versiones que no sostienen el resto del año. De pronto aparecen las sonrisas institucionales, los discursos de agradecimiento y, por supuesto, las canastas navideñas, esas cajas envueltas en papel brillante que buscan resumir doce meses de trabajo en una sola foto para redes sociales.

La competencia es evidente. ¿Quién entrega la canasta más grande? ¿Quién incluye el mejor panetón, el pavo más pesado o la bebida más costosa? Algunas empresas hacen de este gesto una vitrina pública, casi un trofeo, mientras olvidan que el verdadero reconocimiento no se mide por el tamaño de una caja, sino por las condiciones laborales que se sostienen durante todo el año.

Resulta contradictorio ver cómo centros de trabajo que pagan tarde, recargan horarios, niegan descansos o minimizan derechos, en diciembre se esfuerzan por “quedar bien”. La canasta se convierte entonces en un parche simbólico, una manera rápida de maquillar meses de desgaste, cansancio y silencios incómodos. No es gratitud, es protocolo.

Al otro extremo están aquellas empresas que generan altos ingresos, pero que reducen la Navidad de sus trabajadores a un saludo genérico o a una bolsa austera que apenas disimula la indiferencia. En esos casos, no hay ostentación, pero tampoco coherencia: la bonanza no se traduce en bienestar compartido, y el mensaje es claro, aunque no se diga en voz alta.

No se trata de idealizar las canastas ni de exigir lujos. Para muchos trabajadores, ese gesto sí representa un alivio, una ayuda concreta en una época de gastos acumulados. El problema aparece cuando la canasta pretende reemplazar todo lo que faltó antes: el respeto, la escucha, el reconocimiento cotidiano.

La Navidad no debería ser el único momento en el que una empresa recuerda que detrás de los resultados hay personas. Porque ningún panetón, por más caro que sea, compensa un año de maltrato laboral. Y ninguna foto institucional logra ocultar una verdad que los trabajadores conocen bien: el verdadero valor de una empresa no se mide en diciembre, sino en cómo trata a su gente cuando no hay luces, villancicos ni aplausos.

Navidad a contrarreloj

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Navidad
Fuente: Andina

Salir de compras en diciembre no es una actividad, es una prueba de resistencia. Basta con poner un pie fuera de casa para entender que la ciudad ya no camina: avanza a empujones. Los centros comerciales, el Centro Histórico, los mercados y hasta las calles más pequeñas se convierten en un mismo escenario donde todo se mueve rápido, apurado, con una ansiedad silenciosa que se siente en el aire caliente.

Hay un mar de gente. No niños, casi ninguno. Son adultos los que llenan los pasillos, los que caminan con el ceño fruncido y el paso acelerado, como si alguien estuviera contando los segundos. Algunos empujan carritos desbordados, no por gusto, sino porque cargar bolsas ya no es opción. Cajas de panetones apiladas una sobre otra, juguetes envueltos a medias, bolsas con ropa, electrodomésticos que apenas entran en los brazos. Todo parece urgente, necesario, impostergable.

En los centros comerciales, las filas se estiran como serpientes cansadas. Para pagar, para envolver regalos, para ingresar a una tienda que anuncia descuentos en letras rojas gigantes. Hace calor, aunque sea diciembre. El cuerpo suda, la paciencia se agota, y aun así nadie se detiene demasiado. Mirar vitrinas se vuelve una tarea mecánica: entrar, revisar precios, salir. No hay tiempo para dudar.

En el Centro Histórico la escena es distinta, pero igual de caótica. Las calles están llenas de luces, de cables colgando, de adornos navideños que compiten entre sí por llamar la atención. Hay vendedores en cada esquina ofreciendo gorritos, luces, nacimientos, renos de plástico, recuerdos con frases doradas. Caminas y esquivas gente, motos, carretillas. El ruido es constante: bocinas, voces que ofrecen “oferta, oferta”, música navideña que suena desde parlantes distintos, mezclándose sin orden.

El tráfico avanza a paso de procesión. Los buses van llenos, las combis no se detienen del todo y los autos tocan el claxon como si eso pudiera abrirles paso. Hay personas que hoy no salieron, que lo dejaron para después, que piensan ir el mismo 24 por la mañana, confiando en un impulso de último momento. Otros ya cargan todo lo que necesitan, como si quisieran adelantarse al caos que saben que aún no ha llegado.

Porque esto, en realidad, es solo un aviso. Un ensayo general. Las calles brillan más, sí, pero también pesan más. Cada bolsa, cada fila, cada paso rápido anuncia lo que vendrá. El 24 está cerca y todo parece multiplicarse: la gente, el ruido, las compras, el cansancio. Diciembre no espera a nadie y la ciudad lo demuestra, día tras día, mientras corre sin detenerse, cargando regalos, expectativas y apuros que todavía no alcanzan su punto más alto.

Arequipa: Ollas comunes en Cerro Colorado piden apoyo para conseguir donativos para Navidad

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ollas comunes
Foto: Encuentro

A dos semanas de la Navidad, ollas comunes de la margen derecha de Cerro Colorado, solicitan apoyo con recursos básicos para poder apoyar a sus benefactores. Muchas de ellas no podrán realizar alguna chocolatada porque no cuentan con los insumos suficientes.

El representante de la Olla Común 54, Abel Capira Yanque, indicó que solicitaron el apoyo de distintas organizaciones para poder pasar una festividad agradable. Se sabe que la Municipalidad Provincial de Arequipa les dará algunos implementos con los que ellos están agradecidos.

Capira Yanque, señaló que son alrededor de 23 ollas comunes en todo el distrito de Cerro Colorado las que se verían afectadas en caso no conseguir el apoyo. Todas comparten la misma necesidad, ayudar a las personas de escasos recurso.

Cada olla común apoya a ancianos, discapacitados, padres y madres solteros, niños y jóvenes. Por esta razón buscan el apoyo de la población arequipeña y que puedan pasar una Navidad feliz. «Llamamos a todos los vecinos o personas que tienen esa vocación de servicio a que nos ayuden», expresó Abel Capira.

Las ollas comunes requieren productos de necesidad básica, ropa en buen estado y por estas fechas, juguetes para los niños que atienden. «Todo es bienvenido». 

Abel Capira, también reconoció la ayuda brindada por la Municipalidad Distrital de Cerro Colorado, que donó distintos muebles en buen estado decomisados de bares sin licencia a las ollas comunes. En cambio, exhortó al Gobierno Regional de Arequipa a ayudarlo, ya que aunque solicitaron algunas cosas hace ya un mes; siguen sin recibir respuesta alguna.

Cuando la Navidad empieza a encender la ciudad

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Aún falta un buen tramo para que llegue el 24 de diciembre, pero Arequipa ya empezó a oler a Navidad. No es un aroma literal (aunque el anís y el chocolate ya asoman en las vitrinas). Es más bien esa mezcla de luces, sonidos y rituales que anuncian que el año está tocando su última puerta.

En varios distritos los árboles gigantes volvieron a ocupar su sitio habitual. En Cerro Colorado, el encendido llegó con música. Desde Yanahuara, las fotos familiares que hicieron fila desde temprano; y en Cayma, con niños que miraban las luces como si fuese la primera vez que las veían. Cada barrio tiene su propio modo de recibir diciembre, pero todos parecen ponerse de acuerdo en algo: es tiempo de encender, aunque sea un poquito, el ánimo.

El Centro Histórico también dio por iniciado el ritual. En la Plaza de Armas, las luces ya rodean los balcones y los arcos; las palmeras se vuelven columnas de luz, y los turistas levantan sus celulares como si la Navidad fuera un espectáculo que solo se repite una vez. Frente a la Catedral, el nacimiento ya está armado. Pastores, animales, luces cálidas y un portal que, aunque sea el mismo cada año, siempre logra detener a más de uno. Las familias se acercan, señalan figuras, hacen promesas en silencio.

Los villancicos tampoco se quedan atrás. La agenda cultural de diciembre se empieza a llenar con conciertos en iglesias, colegios y centros comerciales. Coros juveniles afinan voces, ensayan “Noche de Paz” y preparan ese repertorio que, aunque repetido, nunca pierde la magia. Es curioso: la ciudad puede estar llena de ruido, tráfico y calor, pero cuando un coro empieza, todo se ablanda por un instante.

En los mercados ya se alzan montañas de panetones, cajas rojas, azules, verdes. Algunos vendedores prenden parlantes pequeños, otros cuelgan guirnaldas en cada esquina. La gente pregunta precios, compara marcas, evalúa presupuestos. Es la misma escena de todos los años, pero cada diciembre llega con historias nuevas: familias que vuelven a reunirse, otras que ya no estarán completas. Con hogares que celebran en grande y otros que apenas arman un arbolito pequeño, pero lo hacen igual, con cariño.

En las calles, el clima también contribuye a este ambiente anticipado. El sol golpea fuerte, las tardes se vuelven largas y las noches (aun frías) empiezan a teñirse de luces intermitentes: rojas, verdes, doradas. Es diciembre abriéndose paso, recordándonos que el año está por terminar, que quizá falta tiempo para ordenar todo, pero al menos algo en la ciudad promete calma.

Porque si algo tiene la Navidad, más allá de regalos, compras o cenas, es esa capacidad de detenernos. Las luces hacen que miremos hacia arriba, los villancicos nos hacen bajar la velocidad, y los nacimientos nos recuerdan que hay rituales que resistieron al tiempo y todavía tienen un lugar en nuestras vidas.

Arequipa empieza a encenderse. Y aunque cada quien viva estas fechas a su manera con ilusión, con nostalgia, con cansancio o con esperanza, basta caminar por sus calles para sentir que, de alguna forma, la Navidad ya llegó.

Arequipa se ilumina… y compite: la nueva fiebre de los árboles navideños

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Árbol de Navidad de Caja Arequipa/ Foto: Frase Corta

Este diciembre Arequipa parece haber descubierto una nueva tradición: competir con árboles de Navidad cada vez más grandes, más luminosos y más tecnológicos. Ayer lo vimos con el encendido del árbol interactivo de Caja Arequipa, un gigante brillante que reunió a cientos (quizá miles) de personas en la Plaza de Armas. Entre pantallas que mostraban duendes del Polo Norte, una casita en la base del árbol y un coro que acompañó el conteo regresivo, la ciudad celebró un espectáculo que parecía importado de otra parte del mundo.

Lo curioso es que este árbol no es el oficial de la Municipalidad Provincial. Ese recién se encenderá hoy, y, como si fuera una agenda coordinada, mañana sábado prende el de Yanahuara y el domingo el de Cerro Colorado. Otros distritos (ya lo sabemos) no tardarán en sumarse. La Navidad en Arequipa dejó de ser solo una festividad: se ha vuelto un calendario de encendidos, una especie de maratón luminosa donde cada institución busca destacar.

Y sí, es imposible ignorarlo: son tiempos preelectorales. Muchos distritos y autoridades están más visibles que nunca. Las actividades “para la familia” se multiplican, los adornos se triplican y los fuegos artificiales parecen un mensaje no tan subliminal: “mírennos, aquí estamos, seguimos trabajando”.

Aun así, entre la estrategia política y el brillo comercial, hay algo que vale rescatar: las familias vuelven a reunirse en espacios públicos. Ver la Plaza abarrotada, llena de niños con gorritos rojos, vendedores de globos, turistas que se detienen a grabar y adultos que se emocionan con el coro, recuerda la importancia de la ciudad como punto de encuentro. Los árboles pueden ser parte del show, pero la gente sigue siendo la verdadera luz.

Quizá la discusión no es quién tiene el árbol más alto, más tecnológico o más caro, sino qué lugar ocupa lo público en la vida cotidiana de los arequipeños. Si estos encendidos logran que la ciudad recupere alegría, comunidad y espacio compartido, entonces bienvenidos sean todos los árboles, uno por distrito si es necesario.

Pero también es necesario vigilar. Diciembre no puede convertirse en el mes donde se justifique el gasto excesivo o la promoción política disfrazada de espíritu navideño. La Navidad debería unir, no usarse como vitrina.

Por ahora, Arequipa se ilumina. Veremos cuánto dura el brillo.

Arequipa: Adulto mayor fallece tras ser arrollado por combi del SIT

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adulto mayor
Foto: Frase Corta

La mañana del lunes 01 de diciembre, el adulto mayor  identificado como Manuel Ollancqlla Hanco (84), falleció tras ser arrollado por una combi de transporte público. El accidente sucedió en la Av. Los Incas en dirección al Terminal Terrestre. La víctima habría resbalado al tratar de subir una vereda, lo que provocó que sea aplastado por las llantas posteriores del vehículo.

La combi de placa V1Z-706 perteneciente a la empresa «Unión Grau», conducida por Octavio Quispe (65), aplastó la cabeza del adulto mayor, terminando con su vida. El cobrador del vehículo, señaló que Manuel Ollancalla estaba tratando de cruzar la pista, sin embargo resbaló y no pudieron frenar a tiempo.

Al lugar se apersonó personal de la Policía Nacional del Perú, quienes realizaron las diligencias del caso. El cuerpo fue trasladado a la Morgue Central, donde se continuarán con las invetsigaciones

Salud mental en jóvenes universitarios de Arequipa

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salud mental

La salud mental de los jóvenes universitarios en Arequipa atraviesa un momento crítico. Entre la presión académica, los costos de vida, la inseguridad laboral futura y el impacto emocional de los últimos años, miles de estudiantes viven bajo un nivel de estrés que supera lo que consideran manejable. Aunque las universidades avanzan lentamente en atención psicológica, la demanda crece más rápido que la oferta, y muchos jóvenes continúan cargando solos con ansiedad, depresión o agotamiento extremo.


Una ciudad universitaria bajo presión

Arequipa es la segunda región con mayor población universitaria del país. Solo la UNSA, UCSP, UCSM y UTP reúnen a más de 70 mil estudiantes entre pregrado y posgrado. La mayoría enfrenta una combinación que se repite: estudiar, trabajar, viajar grandes distancias y rendir exámenes cada semana.

Una investigación publicada en Revista Peruana de Investigación en Salud en 2023 confirmó que los niveles de ansiedad y depresión en estudiantes universitarios peruanos están entre los más altos de Latinoamérica. El 58 % presenta síntomas de depresión y el 52 % ansiedad. Aunque el estudio es nacional, Arequipa no escapa de esa realidad: en la UNSA, el propio servicio psicológico universitario informó en 2022 que la demanda de citas aumentó en más del 40 % respecto al periodo pre pandemia, especialmente por cuadros de ansiedad, estrés académico y problemas de sueño.

Según la psicóloga arequipeña Maritza Gonzales, especialista en intervención juvenil, “los estudiantes están intentando sostener más de lo que emocionalmente pueden manejar. Muchos ni siquiera identifican que viven una crisis porque la normalizaron”. Su comentario fue dado durante una entrevista para el programa Consejos en Línea de la Gerencia Regional de Salud en 2023.

La presión no viene solo de las clases. Los jóvenes que estudian en universidades privadas deben cubrir costos cada vez más altos: pensiones, alimentación, movilidad y materiales. En las públicas, la carga académica intensa y la competencia también generan desgaste. En ambos casos, la pandemia dejó un hábito imposible de ignorar: vivir cansados.

Un problema que crece: por qué la salud mental es una urgencia universitaria

La salud mental de los jóvenes universitarios en Arequipa se ha convertido en una preocupación constante. Las cifras lo confirman. Según el Ministerio de Salud, más del 50 % de problemas de salud mental en el país se presentan entre los 14 y 29 años, edad que coincide directamente con la etapa universitaria. Es decir, los estudiantes están dentro del grupo más vulnerable. (Minsa, 2023)

En 2022, la Dirección Regional de Salud informó que Arequipa registró 37 % de la población adulta con síntomas de ansiedad o depresión, una de las tasas más altas del país. (DIRESA Arequipa) Aunque no existen cifras oficiales exclusivas para universitarios en la región, especialistas coinciden en que son uno de los grupos que más acude (o intenta acudir) a servicios psicológicos.

¿Por qué ocurre esto? Las razones se acumulan:

  • Cargas académicas intensas, que incluyen tareas, prácticas, lecturas y evaluaciones continuas.

  • Presión económica: muchos jóvenes estudian y trabajan o dependen de presupuestos familiares ajustados.

  • Competencia y autoexigencia: la idea de “ser el mejor” o “no fallar” genera ansiedad crónica.

  • Aislamiento social: después de la pandemia, la readaptación presencial dejó secuelas en la capacidad de socializar, pedir ayuda o reconocer emociones.

  • Falta de tiempo: los horarios extendidos y el transporte dificultan tener espacios de descanso o recreación real.

Una encuesta de Ipsos Perú en 2023 reveló que el 62 % de jóvenes de 18 a 25 años declaró haber sentido ansiedad persistente en los últimos meses (Ipsos, 2023). En ese mismo informe, más del 40 % señaló que “no puede controlar su nivel de estrés” debido a estudio, trabajo o ambas responsabilidades.

La psicóloga clínica Cecilia Montes, citada en una entrevista para El Comercio, advierte que los jóvenes universitarios viven una etapa intensa cargada de expectativas: “Tienen que definirse como profesionales, responder a la familia, rendir en clases, mantener vínculos sociales y, al mismo tiempo, intentar encontrar estabilidad emocional. Es un peso demasiado grande para alguien que aún está construyéndose.”

En Arequipa, esta presión es evidente en campus como la UNSA, la Católica San Pablo, la Continental o la Autónoma. Estudiantes de diferentes carreras coinciden en que “todo se acumula”: trabajos finales, prácticas, tesis, transporte, horarios nocturnos y falta de descanso real. Para muchos, la universidad se convierte en un espacio de crecimiento, pero también en un entorno donde la salud mental se deteriora sin que nadie lo note.

Consecuencias emocionales, académicas y físicas en los universitarios

La presión universitaria en Arequipa no solo se refleja en la carga de tareas o evaluaciones acumuladas; también deja huellas claras en la salud mental y en el desempeño cotidiano de miles de jóvenes. Los efectos suelen aparecer de manera silenciosa, pero se vuelven parte del día a día: ansiedad, cansancio extremo, agotamiento emocional, dificultades de concentración y una sensación persistente de estar “al límite”.

A nivel emocional, los estudiantes peruanos presentan índices elevados de depresión, ansiedad y estrés. Un estudio nacional publicado en Frontiers in Public Health en 2025 analizó a universitarios de diversas regiones del país —incluidas universidades del sur— y halló que 49,2 % reportó niveles de estrés, 47,8 % ansiedad y 47,8 % depresión. “La salud mental universitaria atraviesa una etapa crítica; las exigencias académicas y la precariedad económica potencian los síntomas”, señalaron los autores.

Estas afectaciones emocionales impactan directamente en la vida académica. La revisión sistemática “Mental Health and Academic Performance in University Students” concluyó que la salud mental deficiente se asocia a un menor rendimiento, mayor ausentismo, dificultades de memoria y caída significativa en la productividad. “El desempeño académico es uno de los primeros indicadores en deteriorarse cuando aumentan los síntomas de ansiedad o depresión”, advierte el estudio.

En Arequipa, especialistas del área clínica del Hospital Regional y de instituciones universitarias han señalado en entrevistas previas que el retorno a la presencialidad, sumado a la presión económica y la inestabilidad familiar, ha incrementado los casos de estudiantes que buscan ayuda por agotamiento emocional, ataques de pánico o síntomas depresivos. Según investigaciones recientes realizadas con universitarios del sur del país, la mala calidad del sueño, el sedentarismo y la sobreexigencia académica se relacionan con un aumento significativo de ansiedad y estrés, lo que coincide con la rutina habitual de la mayoría de jóvenes que viven solos o lejos de sus familias.

Las consecuencias también son físicas. Entre las más comunes están los dolores musculares por largas horas frente a la computadora, insomnio, cambios en el apetito, gastritis nerviosa y fatiga crónica. Un estudio en estudiantes de medicina —uno de los grupos con mayor carga académica— evidenció que más del 70 % presentaba síntomas de estrés, ansiedad o depresión, afectando su salud física y su rendimiento diario.

A esto se suma un factor silencioso: la ideación suicida. El modelo explicativo desarrollado por Interacciones en 2022 mostró que el estrés, la ansiedad y la depresión se relacionan directamente con pensamientos suicidas en población universitaria. Aunque no se trata de cifras específicas de Arequipa, los especialistas coinciden en que la tendencia es similar.

Para muchos jóvenes arequipeños, estas consecuencias no se expresan abiertamente. El temor al estigma, la falta de tiempo o la idea de que “deben poder solos” postergan la búsqueda de ayuda. Y mientras tanto, los síntomas se acumulan: bajan sus notas, se reduce su energía, se rompen sus rutinas y llegan a sentirse emocionalmente desconectados de su vida diaria.

Entre la presión y el silencio: hacia dónde avanzar

Los estudiantes universitarios de Arequipa cargan con una realidad que muchas veces se esconde detrás de trabajos, exposiciones y notas aprobatorias. La salud mental, aunque se ha vuelto tema común en redes y conversaciones cotidianas, sigue siendo un asunto pendiente dentro de las propias instituciones. Los síntomas emocionales —ansiedad, estrés, episodios depresivos— no son simples malestares pasajeros: afectan la concentración, el rendimiento académico, la convivencia y hasta la salud física. Y aun así, miles de jóvenes siguen afrontándolos en silencio.

Los servicios psicológicos universitarios suelen quedarse cortos frente a la demanda creciente. Las largas colas para conseguir una cita, la limitada cantidad de profesionales y la falta de programas preventivos hacen que la atención sea más reactiva que preventiva. Para muchos estudiantes, pedir ayuda se convierte en un proceso tardío, cuando el agotamiento ya es evidente o cuando los episodios de ansiedad comienzan a interferir incluso con la vida diaria.

A esto se suma un problema cultural: la normalización del sufrimiento académico. “Así es la universidad”, repiten algunos docentes, padres o incluso los mismos estudiantes. Esa frase, aunque común, minimiza el impacto real que tiene la presión excesiva en la vida de un joven. Muchas veces, detrás de un “estoy bien” hay noches de insomnio, cargas emocionales no resueltas o una mezcla de miedo, frustración y agotamiento.

En Arequipa, como en el resto del país, hablar de salud mental aún genera resistencia. Para algunos, sigue siendo sinónimo de debilidad; para otros, un privilegio inaccesible por costos o falta de tiempo. Pero el tema se vuelve urgente cuando las señales comienzan a acumularse: ausencias, bajo rendimiento, irritabilidad, aislamiento, crisis de ansiedad, somatización. Nada de eso es “normal”, aunque se haya acostumbrado a verlo.

Sin embargo, no todo el panorama es desolador. Poco a poco, los estudiantes han comenzado a organizar talleres, círculos de apoyo y redes informales entre amigos. Algunas universidades han ampliado sus servicios psicológicos y han sumado campañas de prevención. Aún es insuficiente, pero marca un camino posible: uno en el que la salud mental deje de ser un tema secundario y se convierta en un eje real de bienestar estudiantil.


La salud mental universitaria no es un lujo, ni un tema accesorio: es parte fundamental del derecho a una educación de calidad. Y aunque las cifras alertan, también invitan a actuar. Las instituciones deben fortalecer sus programas, los docentes reconocer el impacto emocional de sus metodologías, y los estudiantes permitirse pedir ayuda sin miedo.

Cuidar la mente no debería ser una carrera contrarreloj ni un acto de valentía. Tendría que ser parte natural de la vida universitaria. En Arequipa —y en el Perú entero— ese es el desafío pendiente.

Arequipa: Trámite gratuito del DNI electrónico para personas con síndrome de Down

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DNI

Desde hoy, hasta el día de mañana 02 de diciembre, en la Biblioteca Ateneo, se estará realizando el trámite del DNI electrónico para personas con síndrome de Down. Esta actividad es completamente gratuita.

El subgerente de Promoción y Desarrollo Social de la MPA, Larry Tinta, señaló que anteriormente ya se beneficiaron a varias personas con estas campañas. Asimismo, indicó que se ampliará la atención a otras discapacidades durante las próximas semanas.

El trámite se realizará de manera presencial, teniendo como requisitos: una copia del certificado de discapacidad o carnet conadis y una fotografía tamaño pasaporte, con fondo blanco, prenda oscura y sin retoque.

Antes, se llevaban cámaras para tomar las fotografías del DNI, sin embargo esta acción llegaba a estresar a las personas. Por ello, ahora piden la fotografía ya impresa para realizarlo de manera manual.

Tinta, informó que el trámite es sencillo y rápido; incluso se colocarán películas en la sala de espera para evitar el aburrimiento de los usuarios. También se les están dando refrigerios a las personas asistentes y a sus acompañantes

 

Escritores, danzas y distritos: Efemérides del 01 al 07 de diciembre

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efemérides
Foto: Freepik

A lo largo de los siglos, la humanidad ha dejado huellas significativas: descubrimientos, inventos, y la vida de grandes científicos, artistas, líderes sociales y pensadores que cambiaron el rumbo del mundo. En diciembre, Perú honra diversas efemérides que celebran logros, valoran su identidad cultural y reflexionan sobre episodios clave en su historia, conectando a sus ciudadanos con las raíces y el legado del país.

01 de diciembre

  • Día Mundial de la lucha contra el SIDA

  • Día Panamericano del Farmacéutico

  • Día Panamericano del Químico Farmacéutico

02 de diciembre

  • Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud

  • Muerte del escritor José María Arguedas

  • Fallecimiento del político Alfonso Barrantes

  • Declaración de la Danza del Wititi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

  • Homenaje a la Libertad Americana

03 de diciembre

  • Día Internacional de las Personas Discapacitadas

  • Día Mundial del No Uso de Plaguicidas

  • Día Panamericano del Médico

  • Día de la Abolición de la Esclavitud en el Perú

04 de diciembre

  • Día de la Odontología Peruana

  • Fallecimiento del escritor Julio Ramón Ribeyro

  • Nacimiento del poeta y dramaturgo peruano Carlos Augusto Salaverry

  • Feria Regional Agropecuaria, Agroindustrial, Artesanal, Gastronómica, Cultural y Comercial

  • Ninabamba (Acomayo)

  • Día de la Publicidad

05 de diciembre

  • Día Internacional de los Voluntarios

  • Día del Bombero Voluntario del Perú

  • Fundación del distrito de Chimbote

06 de diciembre

  • Aniversario de creación de la Policía Nacional del Perú

  • Fundación de la ciudad de Trujillo

07 de diciembre

  • Día Internacional de la Aviación Civil

  • Aniversario de la creación del distrito de San Miguel de Aco (Áncash)

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