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Cuando la Navidad empieza a encender la ciudad

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Aún falta un buen tramo para que llegue el 24 de diciembre, pero Arequipa ya empezó a oler a Navidad. No es un aroma literal (aunque el anís y el chocolate ya asoman en las vitrinas). Es más bien esa mezcla de luces, sonidos y rituales que anuncian que el año está tocando su última puerta.

En varios distritos los árboles gigantes volvieron a ocupar su sitio habitual. En Cerro Colorado, el encendido llegó con música. Desde Yanahuara, las fotos familiares que hicieron fila desde temprano; y en Cayma, con niños que miraban las luces como si fuese la primera vez que las veían. Cada barrio tiene su propio modo de recibir diciembre, pero todos parecen ponerse de acuerdo en algo: es tiempo de encender, aunque sea un poquito, el ánimo.

El Centro Histórico también dio por iniciado el ritual. En la Plaza de Armas, las luces ya rodean los balcones y los arcos; las palmeras se vuelven columnas de luz, y los turistas levantan sus celulares como si la Navidad fuera un espectáculo que solo se repite una vez. Frente a la Catedral, el nacimiento ya está armado. Pastores, animales, luces cálidas y un portal que, aunque sea el mismo cada año, siempre logra detener a más de uno. Las familias se acercan, señalan figuras, hacen promesas en silencio.

Los villancicos tampoco se quedan atrás. La agenda cultural de diciembre se empieza a llenar con conciertos en iglesias, colegios y centros comerciales. Coros juveniles afinan voces, ensayan “Noche de Paz” y preparan ese repertorio que, aunque repetido, nunca pierde la magia. Es curioso: la ciudad puede estar llena de ruido, tráfico y calor, pero cuando un coro empieza, todo se ablanda por un instante.

En los mercados ya se alzan montañas de panetones, cajas rojas, azules, verdes. Algunos vendedores prenden parlantes pequeños, otros cuelgan guirnaldas en cada esquina. La gente pregunta precios, compara marcas, evalúa presupuestos. Es la misma escena de todos los años, pero cada diciembre llega con historias nuevas: familias que vuelven a reunirse, otras que ya no estarán completas. Con hogares que celebran en grande y otros que apenas arman un arbolito pequeño, pero lo hacen igual, con cariño.

En las calles, el clima también contribuye a este ambiente anticipado. El sol golpea fuerte, las tardes se vuelven largas y las noches (aun frías) empiezan a teñirse de luces intermitentes: rojas, verdes, doradas. Es diciembre abriéndose paso, recordándonos que el año está por terminar, que quizá falta tiempo para ordenar todo, pero al menos algo en la ciudad promete calma.

Porque si algo tiene la Navidad, más allá de regalos, compras o cenas, es esa capacidad de detenernos. Las luces hacen que miremos hacia arriba, los villancicos nos hacen bajar la velocidad, y los nacimientos nos recuerdan que hay rituales que resistieron al tiempo y todavía tienen un lugar en nuestras vidas.

Arequipa empieza a encenderse. Y aunque cada quien viva estas fechas a su manera con ilusión, con nostalgia, con cansancio o con esperanza, basta caminar por sus calles para sentir que, de alguna forma, la Navidad ya llegó.

Arequipa se ilumina… y compite: la nueva fiebre de los árboles navideños

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árbol de navidad
Árbol de Navidad de Caja Arequipa/ Foto: Frase Corta

Este diciembre Arequipa parece haber descubierto una nueva tradición: competir con árboles de Navidad cada vez más grandes, más luminosos y más tecnológicos. Ayer lo vimos con el encendido del árbol interactivo de Caja Arequipa, un gigante brillante que reunió a cientos (quizá miles) de personas en la Plaza de Armas. Entre pantallas que mostraban duendes del Polo Norte, una casita en la base del árbol y un coro que acompañó el conteo regresivo, la ciudad celebró un espectáculo que parecía importado de otra parte del mundo.

Lo curioso es que este árbol no es el oficial de la Municipalidad Provincial. Ese recién se encenderá hoy, y, como si fuera una agenda coordinada, mañana sábado prende el de Yanahuara y el domingo el de Cerro Colorado. Otros distritos (ya lo sabemos) no tardarán en sumarse. La Navidad en Arequipa dejó de ser solo una festividad: se ha vuelto un calendario de encendidos, una especie de maratón luminosa donde cada institución busca destacar.

Y sí, es imposible ignorarlo: son tiempos preelectorales. Muchos distritos y autoridades están más visibles que nunca. Las actividades “para la familia” se multiplican, los adornos se triplican y los fuegos artificiales parecen un mensaje no tan subliminal: “mírennos, aquí estamos, seguimos trabajando”.

Aun así, entre la estrategia política y el brillo comercial, hay algo que vale rescatar: las familias vuelven a reunirse en espacios públicos. Ver la Plaza abarrotada, llena de niños con gorritos rojos, vendedores de globos, turistas que se detienen a grabar y adultos que se emocionan con el coro, recuerda la importancia de la ciudad como punto de encuentro. Los árboles pueden ser parte del show, pero la gente sigue siendo la verdadera luz.

Quizá la discusión no es quién tiene el árbol más alto, más tecnológico o más caro, sino qué lugar ocupa lo público en la vida cotidiana de los arequipeños. Si estos encendidos logran que la ciudad recupere alegría, comunidad y espacio compartido, entonces bienvenidos sean todos los árboles, uno por distrito si es necesario.

Pero también es necesario vigilar. Diciembre no puede convertirse en el mes donde se justifique el gasto excesivo o la promoción política disfrazada de espíritu navideño. La Navidad debería unir, no usarse como vitrina.

Por ahora, Arequipa se ilumina. Veremos cuánto dura el brillo.

Arequipa: Adulto mayor fallece tras ser arrollado por combi del SIT

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adulto mayor
Foto: Frase Corta

La mañana del lunes 01 de diciembre, el adulto mayor  identificado como Manuel Ollancqlla Hanco (84), falleció tras ser arrollado por una combi de transporte público. El accidente sucedió en la Av. Los Incas en dirección al Terminal Terrestre. La víctima habría resbalado al tratar de subir una vereda, lo que provocó que sea aplastado por las llantas posteriores del vehículo.

La combi de placa V1Z-706 perteneciente a la empresa «Unión Grau», conducida por Octavio Quispe (65), aplastó la cabeza del adulto mayor, terminando con su vida. El cobrador del vehículo, señaló que Manuel Ollancalla estaba tratando de cruzar la pista, sin embargo resbaló y no pudieron frenar a tiempo.

Al lugar se apersonó personal de la Policía Nacional del Perú, quienes realizaron las diligencias del caso. El cuerpo fue trasladado a la Morgue Central, donde se continuarán con las invetsigaciones

Salud mental en jóvenes universitarios de Arequipa

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salud mental

La salud mental de los jóvenes universitarios en Arequipa atraviesa un momento crítico. Entre la presión académica, los costos de vida, la inseguridad laboral futura y el impacto emocional de los últimos años, miles de estudiantes viven bajo un nivel de estrés que supera lo que consideran manejable. Aunque las universidades avanzan lentamente en atención psicológica, la demanda crece más rápido que la oferta, y muchos jóvenes continúan cargando solos con ansiedad, depresión o agotamiento extremo.


Una ciudad universitaria bajo presión

Arequipa es la segunda región con mayor población universitaria del país. Solo la UNSA, UCSP, UCSM y UTP reúnen a más de 70 mil estudiantes entre pregrado y posgrado. La mayoría enfrenta una combinación que se repite: estudiar, trabajar, viajar grandes distancias y rendir exámenes cada semana.

Una investigación publicada en Revista Peruana de Investigación en Salud en 2023 confirmó que los niveles de ansiedad y depresión en estudiantes universitarios peruanos están entre los más altos de Latinoamérica. El 58 % presenta síntomas de depresión y el 52 % ansiedad. Aunque el estudio es nacional, Arequipa no escapa de esa realidad: en la UNSA, el propio servicio psicológico universitario informó en 2022 que la demanda de citas aumentó en más del 40 % respecto al periodo pre pandemia, especialmente por cuadros de ansiedad, estrés académico y problemas de sueño.

Según la psicóloga arequipeña Maritza Gonzales, especialista en intervención juvenil, “los estudiantes están intentando sostener más de lo que emocionalmente pueden manejar. Muchos ni siquiera identifican que viven una crisis porque la normalizaron”. Su comentario fue dado durante una entrevista para el programa Consejos en Línea de la Gerencia Regional de Salud en 2023.

La presión no viene solo de las clases. Los jóvenes que estudian en universidades privadas deben cubrir costos cada vez más altos: pensiones, alimentación, movilidad y materiales. En las públicas, la carga académica intensa y la competencia también generan desgaste. En ambos casos, la pandemia dejó un hábito imposible de ignorar: vivir cansados.

Un problema que crece: por qué la salud mental es una urgencia universitaria

La salud mental de los jóvenes universitarios en Arequipa se ha convertido en una preocupación constante. Las cifras lo confirman. Según el Ministerio de Salud, más del 50 % de problemas de salud mental en el país se presentan entre los 14 y 29 años, edad que coincide directamente con la etapa universitaria. Es decir, los estudiantes están dentro del grupo más vulnerable. (Minsa, 2023)

En 2022, la Dirección Regional de Salud informó que Arequipa registró 37 % de la población adulta con síntomas de ansiedad o depresión, una de las tasas más altas del país. (DIRESA Arequipa) Aunque no existen cifras oficiales exclusivas para universitarios en la región, especialistas coinciden en que son uno de los grupos que más acude (o intenta acudir) a servicios psicológicos.

¿Por qué ocurre esto? Las razones se acumulan:

  • Cargas académicas intensas, que incluyen tareas, prácticas, lecturas y evaluaciones continuas.

  • Presión económica: muchos jóvenes estudian y trabajan o dependen de presupuestos familiares ajustados.

  • Competencia y autoexigencia: la idea de “ser el mejor” o “no fallar” genera ansiedad crónica.

  • Aislamiento social: después de la pandemia, la readaptación presencial dejó secuelas en la capacidad de socializar, pedir ayuda o reconocer emociones.

  • Falta de tiempo: los horarios extendidos y el transporte dificultan tener espacios de descanso o recreación real.

Una encuesta de Ipsos Perú en 2023 reveló que el 62 % de jóvenes de 18 a 25 años declaró haber sentido ansiedad persistente en los últimos meses (Ipsos, 2023). En ese mismo informe, más del 40 % señaló que “no puede controlar su nivel de estrés” debido a estudio, trabajo o ambas responsabilidades.

La psicóloga clínica Cecilia Montes, citada en una entrevista para El Comercio, advierte que los jóvenes universitarios viven una etapa intensa cargada de expectativas: “Tienen que definirse como profesionales, responder a la familia, rendir en clases, mantener vínculos sociales y, al mismo tiempo, intentar encontrar estabilidad emocional. Es un peso demasiado grande para alguien que aún está construyéndose.”

En Arequipa, esta presión es evidente en campus como la UNSA, la Católica San Pablo, la Continental o la Autónoma. Estudiantes de diferentes carreras coinciden en que “todo se acumula”: trabajos finales, prácticas, tesis, transporte, horarios nocturnos y falta de descanso real. Para muchos, la universidad se convierte en un espacio de crecimiento, pero también en un entorno donde la salud mental se deteriora sin que nadie lo note.

Consecuencias emocionales, académicas y físicas en los universitarios

La presión universitaria en Arequipa no solo se refleja en la carga de tareas o evaluaciones acumuladas; también deja huellas claras en la salud mental y en el desempeño cotidiano de miles de jóvenes. Los efectos suelen aparecer de manera silenciosa, pero se vuelven parte del día a día: ansiedad, cansancio extremo, agotamiento emocional, dificultades de concentración y una sensación persistente de estar “al límite”.

A nivel emocional, los estudiantes peruanos presentan índices elevados de depresión, ansiedad y estrés. Un estudio nacional publicado en Frontiers in Public Health en 2025 analizó a universitarios de diversas regiones del país —incluidas universidades del sur— y halló que 49,2 % reportó niveles de estrés, 47,8 % ansiedad y 47,8 % depresión. “La salud mental universitaria atraviesa una etapa crítica; las exigencias académicas y la precariedad económica potencian los síntomas”, señalaron los autores.

Estas afectaciones emocionales impactan directamente en la vida académica. La revisión sistemática “Mental Health and Academic Performance in University Students” concluyó que la salud mental deficiente se asocia a un menor rendimiento, mayor ausentismo, dificultades de memoria y caída significativa en la productividad. “El desempeño académico es uno de los primeros indicadores en deteriorarse cuando aumentan los síntomas de ansiedad o depresión”, advierte el estudio.

En Arequipa, especialistas del área clínica del Hospital Regional y de instituciones universitarias han señalado en entrevistas previas que el retorno a la presencialidad, sumado a la presión económica y la inestabilidad familiar, ha incrementado los casos de estudiantes que buscan ayuda por agotamiento emocional, ataques de pánico o síntomas depresivos. Según investigaciones recientes realizadas con universitarios del sur del país, la mala calidad del sueño, el sedentarismo y la sobreexigencia académica se relacionan con un aumento significativo de ansiedad y estrés, lo que coincide con la rutina habitual de la mayoría de jóvenes que viven solos o lejos de sus familias.

Las consecuencias también son físicas. Entre las más comunes están los dolores musculares por largas horas frente a la computadora, insomnio, cambios en el apetito, gastritis nerviosa y fatiga crónica. Un estudio en estudiantes de medicina —uno de los grupos con mayor carga académica— evidenció que más del 70 % presentaba síntomas de estrés, ansiedad o depresión, afectando su salud física y su rendimiento diario.

A esto se suma un factor silencioso: la ideación suicida. El modelo explicativo desarrollado por Interacciones en 2022 mostró que el estrés, la ansiedad y la depresión se relacionan directamente con pensamientos suicidas en población universitaria. Aunque no se trata de cifras específicas de Arequipa, los especialistas coinciden en que la tendencia es similar.

Para muchos jóvenes arequipeños, estas consecuencias no se expresan abiertamente. El temor al estigma, la falta de tiempo o la idea de que “deben poder solos” postergan la búsqueda de ayuda. Y mientras tanto, los síntomas se acumulan: bajan sus notas, se reduce su energía, se rompen sus rutinas y llegan a sentirse emocionalmente desconectados de su vida diaria.

Entre la presión y el silencio: hacia dónde avanzar

Los estudiantes universitarios de Arequipa cargan con una realidad que muchas veces se esconde detrás de trabajos, exposiciones y notas aprobatorias. La salud mental, aunque se ha vuelto tema común en redes y conversaciones cotidianas, sigue siendo un asunto pendiente dentro de las propias instituciones. Los síntomas emocionales —ansiedad, estrés, episodios depresivos— no son simples malestares pasajeros: afectan la concentración, el rendimiento académico, la convivencia y hasta la salud física. Y aun así, miles de jóvenes siguen afrontándolos en silencio.

Los servicios psicológicos universitarios suelen quedarse cortos frente a la demanda creciente. Las largas colas para conseguir una cita, la limitada cantidad de profesionales y la falta de programas preventivos hacen que la atención sea más reactiva que preventiva. Para muchos estudiantes, pedir ayuda se convierte en un proceso tardío, cuando el agotamiento ya es evidente o cuando los episodios de ansiedad comienzan a interferir incluso con la vida diaria.

A esto se suma un problema cultural: la normalización del sufrimiento académico. “Así es la universidad”, repiten algunos docentes, padres o incluso los mismos estudiantes. Esa frase, aunque común, minimiza el impacto real que tiene la presión excesiva en la vida de un joven. Muchas veces, detrás de un “estoy bien” hay noches de insomnio, cargas emocionales no resueltas o una mezcla de miedo, frustración y agotamiento.

En Arequipa, como en el resto del país, hablar de salud mental aún genera resistencia. Para algunos, sigue siendo sinónimo de debilidad; para otros, un privilegio inaccesible por costos o falta de tiempo. Pero el tema se vuelve urgente cuando las señales comienzan a acumularse: ausencias, bajo rendimiento, irritabilidad, aislamiento, crisis de ansiedad, somatización. Nada de eso es “normal”, aunque se haya acostumbrado a verlo.

Sin embargo, no todo el panorama es desolador. Poco a poco, los estudiantes han comenzado a organizar talleres, círculos de apoyo y redes informales entre amigos. Algunas universidades han ampliado sus servicios psicológicos y han sumado campañas de prevención. Aún es insuficiente, pero marca un camino posible: uno en el que la salud mental deje de ser un tema secundario y se convierta en un eje real de bienestar estudiantil.


La salud mental universitaria no es un lujo, ni un tema accesorio: es parte fundamental del derecho a una educación de calidad. Y aunque las cifras alertan, también invitan a actuar. Las instituciones deben fortalecer sus programas, los docentes reconocer el impacto emocional de sus metodologías, y los estudiantes permitirse pedir ayuda sin miedo.

Cuidar la mente no debería ser una carrera contrarreloj ni un acto de valentía. Tendría que ser parte natural de la vida universitaria. En Arequipa —y en el Perú entero— ese es el desafío pendiente.

Arequipa: Trámite gratuito del DNI electrónico para personas con síndrome de Down

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Desde hoy, hasta el día de mañana 02 de diciembre, en la Biblioteca Ateneo, se estará realizando el trámite del DNI electrónico para personas con síndrome de Down. Esta actividad es completamente gratuita.

El subgerente de Promoción y Desarrollo Social de la MPA, Larry Tinta, señaló que anteriormente ya se beneficiaron a varias personas con estas campañas. Asimismo, indicó que se ampliará la atención a otras discapacidades durante las próximas semanas.

El trámite se realizará de manera presencial, teniendo como requisitos: una copia del certificado de discapacidad o carnet conadis y una fotografía tamaño pasaporte, con fondo blanco, prenda oscura y sin retoque.

Antes, se llevaban cámaras para tomar las fotografías del DNI, sin embargo esta acción llegaba a estresar a las personas. Por ello, ahora piden la fotografía ya impresa para realizarlo de manera manual.

Tinta, informó que el trámite es sencillo y rápido; incluso se colocarán películas en la sala de espera para evitar el aburrimiento de los usuarios. También se les están dando refrigerios a las personas asistentes y a sus acompañantes

 

Escritores, danzas y distritos: Efemérides del 01 al 07 de diciembre

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efemérides
Foto: Freepik

A lo largo de los siglos, la humanidad ha dejado huellas significativas: descubrimientos, inventos, y la vida de grandes científicos, artistas, líderes sociales y pensadores que cambiaron el rumbo del mundo. En diciembre, Perú honra diversas efemérides que celebran logros, valoran su identidad cultural y reflexionan sobre episodios clave en su historia, conectando a sus ciudadanos con las raíces y el legado del país.

01 de diciembre

  • Día Mundial de la lucha contra el SIDA

  • Día Panamericano del Farmacéutico

  • Día Panamericano del Químico Farmacéutico

02 de diciembre

  • Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud

  • Muerte del escritor José María Arguedas

  • Fallecimiento del político Alfonso Barrantes

  • Declaración de la Danza del Wititi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

  • Homenaje a la Libertad Americana

03 de diciembre

  • Día Internacional de las Personas Discapacitadas

  • Día Mundial del No Uso de Plaguicidas

  • Día Panamericano del Médico

  • Día de la Abolición de la Esclavitud en el Perú

04 de diciembre

  • Día de la Odontología Peruana

  • Fallecimiento del escritor Julio Ramón Ribeyro

  • Nacimiento del poeta y dramaturgo peruano Carlos Augusto Salaverry

  • Feria Regional Agropecuaria, Agroindustrial, Artesanal, Gastronómica, Cultural y Comercial

  • Ninabamba (Acomayo)

  • Día de la Publicidad

05 de diciembre

  • Día Internacional de los Voluntarios

  • Día del Bombero Voluntario del Perú

  • Fundación del distrito de Chimbote

06 de diciembre

  • Aniversario de creación de la Policía Nacional del Perú

  • Fundación de la ciudad de Trujillo

07 de diciembre

  • Día Internacional de la Aviación Civil

  • Aniversario de la creación del distrito de San Miguel de Aco (Áncash)

Diego Rivera y otros hechos que cierran el mes: efemérides del 24 al 30 de noviembre

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efemérides

La última semana de noviembre reúne momentos que dejaron huella en la historia cultural, social y política del mundo. Desde la muerte de figuras clave del arte hasta la creación de instituciones educativas, este periodo recuerda acontecimientos que influyeron en la identidad nacional e internacional.

Además, varias conmemoraciones globales invitan a la reflexión sobre temas como la evolución, la solidaridad, la violencia contra la mujer, el vino tinto, el emprendimiento, la seguridad informática, el medio ambiente y la salud pública. Aquí un recuento de las efemérides más relevantes del 24 al 30 de noviembre.

24 de noviembre

  • 1957 Muere Diego Rivera, gran pintor, cuyo primer mural se encuentra en la Escuela Nacional Preparatoria.

  • Día Mundial de los Gemelos Unidos

  • Día Mundial de la Evolución

  • Día Mundial del Vino Tinto

  • Semana Mundial de Concienciación sobre la Resistencia a los Antimicrobianos (RAM)

  • Semana Europea para la Reducción de Residuos

  • Semana de Concienciación sobre el Azúcar

  • Semana Mundial del Emprendimiento

25 de noviembre

  • 1999 Muere Valentín Campa Salazar, luchador social, fundador del Partido Socialista Unificado de México y candidato presidencial.

  • Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

  • Día de la Flor Nacional de Honduras (Honduras)

26 de noviembre

  • 1919 Muere Felipe Ángeles, general revolucionario que combatió en las fuerzas villistas.

  • 1948 Jaime Torres Bodet es elegido Director General de la UNESCO.

  • 1982 Se inaugura el Centro de Investigación y Difusión de Educación Preescolar.

  • 1983 Muere Jorge Ibargüengoitia, escritor y crítico, autor de La ley de Herodes.

  • Día Mundial del Olivo

  • Día Mundial del Transporte Sostenible

  • Día Mundial contra el uso indiscriminado de Agroquímicos

  • Día Mundial del Acceso a la Educación Superior

  • Día Mundial de la Alfamanosidosis

27 de noviembre

  • 1938 Inicia la Guerra de los Pasteles.

  • 1911 Se publica el Decreto “No reelección”.

  • 1917 Se declara al parque nacional Desierto de los Leones como la primera área natural protegida.

  • Día de Acción de Gracias

  • Día del Maestro en España (España)

28 de noviembre

  • Black Friday

  • Día de No Comprar Nada (Buy Nothing Day)

  • Día Internacional del Ingeniero de Sistemas

29 de noviembre

  • 1864 Nace el poeta y dramaturgo español Miguel de Unamuno, figura clave de la Generación del 98.

  • 1894 Muere Juan Nepomuceno Méndez, militar, liberal y Presidente de México.

  • 1952 Se inaugura el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.

  • Día Internacional de la Solidaridad con el Pueblo Palestino

  • Día Mundial del Oso Hormiguero

  • Día Mundial de la Conservación del Jaguar

  • Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos

  • Día de Concienciación sobre el Síndrome de Menkes

30 de noviembre

  • 1667 Nace en Dublín el escritor satírico Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver.

  • 1924 Se inaugura la Escuela Nacional de Maestros en los terrenos de la antigua Escuela de Agricultura en Santo Tomás.

  • 1924 Nace Radio Educación, iniciativa de José Vasconcelos.

  • Día de Conmemoración de todas las víctimas de la guerra química

  • Día Internacional de la Seguridad Informática

  • Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)

  • Día del Influencer

Cuando falta mamá

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falta mamá

Uno cree que está preparado para todo: para los golpes, para las despedidas, para los cambios bruscos. Pero nunca jamás para la ausencia de una madre. Esa ausencia no llega de golpe, aunque la muerte sí lo haga. Se instala de a pocos, como un frío que comienza en las manos y sube hasta el pecho, hundiéndose hasta lugares que no sabías que existían. Y cuando la casa queda en silencio, cuando el ruido del día ya no tapa lo que duele, ahí te das cuenta de que falta algo que no vuelve, algo que no se reemplaza, algo que no se improvisa. Falta mamá.

Cada mañana se siente como un recordatorio. Antes, la rutina tenía su voz en medio: un “¿ya comiste?”, un “abrígate”, un “cuídate, pues”. Palabras sencillas, casi automáticas, que en su momento parecían repetitivas, pero que hoy se extrañan como si fueran un lujo perdido. Y al despertar, cuando el día aún no decide si será bueno o malo, aparece ese primer pensamiento: si ella estuviera aquí… Esa frase que uno intenta evitar, pero que se repite como un eco suave y doloroso.

El día avanza como puede. Se trabaja, se estudia, se conversa, se ríe incluso. Porque la vida no se detiene aunque uno sí quiera detenerse. Pero de pronto algo pasa (una canción, un olor, una frase, un plato de comida) y aparece el vacío, ese hueco imposible de llenar. No es nostalgia, no es melancolía. Es ausencia pura. Y duele distinto. Es un dolor que no arde, sino que pesa; que no corta, sino que hunde; que no grita, pero tampoco se calla. Y uno sigue respirando, porque no queda otra.

En las noches, la falta se vuelve más nítida. Ahí donde antes estaban sus pasos, su luz encendida, su voz llamando para preguntar si ya llegaste, hoy solo queda una sombra de recuerdos. Se recuerda su forma de caminar, de reír, de enojarse, de amar sin condiciones. Se recuerda incluso aquello que en vida quizás molestaba: su insistencia, sus advertencias, su preocupación exagerada. Y entonces uno entiende que todo era amor, que todo era cuidado, que todo era protección. Entiende tarde, como suele suceder con las cosas importantes.

Pero lo que más duele no es solo lo que se fue, sino lo que ya no será. Los cumpleaños sin ella, los logros que no verá, los abrazos que no llegarán, los días difíciles en los que uno quisiera su consejo. La vida se convierte en una sucesión de momentos donde falta una pieza, una presencia, un refugio. Y esa falta acompaña siempre, incluso cuando el tiempo parece suavizarlo todo. Porque el tiempo sana, sí, pero no devuelve. Y a veces uno no quiere sanar, porque sanar parece sinónimo de olvidar, y olvidar a una madre es imposible.

Aun así, entre tanto dolor, aparece un tipo extraño de fuerza. Una fuerza que viene justamente de lo que ella dejó: su forma de mirar la vida, su manera de luchar, su capacidad de amar. Viene de los gestos que heredaste sin darte cuenta, de las frases que ahora repites y que antes escuchabas sin importancia. Viene del cariño que te sostuvo toda la vida y que hoy se transforma en motor. Y ahí nace una certeza que consuela un poco: tu madre sigue en ti, aunque no puedas verla. Sigue en tu voz, en tus decisiones, en tu carácter, en tu forma de querer.

La ausencia de una madre no se supera, se aprende a llevar. No se olvida, se transforma. No se reemplaza, se honra. Y en esa mezcla de dolor y memoria, uno descubre que la falta también enseña: enseña a valorar, a agradecer, a amar mejor. Enseña que la vida es frágil, que el amor es urgente, que las personas no son eternas pero los afectos sí pueden serlo. Enseña que el corazón puede romperse sin dejar de latir.

Y entonces, entre lágrimas, recuerdos y silencios, uno entiende finalmente lo que siempre supo pero nunca había sentido tan hondo: una madre es irremplazable. Y su ausencia, aunque duela todos los días, también es prueba de lo grande que fue su amor.

Esperar para sanar: La otra enfermedad del sistema de salud

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enfermedad
Foto: GEC

La enfermedad no avisa, pero el sistema sí se toma su tiempo. En el Perú, estar asegurado no significa estar protegido. Significa, muchas veces, entrar a una larga fila invisible donde la paciencia se convierte en el único tratamiento inmediato.

Todo comienza con una llamada. Un número que suena ocupado, que deriva a una grabación, que cuelga sin previo aviso. Se intenta de nuevo. Y otra vez. Así pasa un día, quizá dos. A veces una semana completa para que alguien conteste, y lo haga con tono automático, como si la dolencia ajena fuera un trámite más.

Cuando al fin se consigue una cita, esta puede estar programada para dentro de un mes. A veces dos. Incluso más. Y si se trata de una especialidad, el calendario se estira aún más. Para ese entonces, el dolor ya habrá cambiado de forma o de lugar. O quizá ya no esté. Pero uno acude igual, porque es el único acceso que tiene a la salud. Porque pagar por atención privada no siempre es una opción.

En los hospitales del Estado, el ambiente no alivia. Es una mezcla de resignación y hartazgo. Las colas empiezan de madrugada, los turnos se disputan como boletos a un concierto. Hay rostros cansados, cuerpos apoyados contra la pared, madres con niños dormidos en brazos, ancianos con los ojos perdidos. Todos esperando lo mismo: ser vistos.

Dentro, el trato es mecánico. El saludo es escaso. A veces hay profesionales con vocación, que explican con claridad y escuchan con respeto. Pero muchas otras veces, hay silencio, apuro, indiferencia. El paciente se convierte en número, en historial, en caso.

Quienes tienen dinero prefieren pagar. Porque en la clínica, al menos, los llaman por su nombre. Les sonríen. Les explican. Les dan fecha y hora, sin rodeos. La atención no solo es más rápida, también es más digna. Y eso duele. Porque parece que, en este país, la dignidad en la salud también tiene un precio.

Y entonces surge la pregunta: ¿acaso los que menos tienen no merecen ser tratados con cuidado, con atención, con humanidad? ¿Acaso la pobreza justifica la espera, el maltrato, la negligencia?

Cada día, miles de peruanos viven esta otra enfermedad: la de ser ignorados por el sistema. Esperan una cita como quien espera justicia. Con miedo, con desesperanza. Con la sensación de que su tiempo, su cuerpo, su dolor… valen menos.

El sistema está enfermo. Y mientras no se cure, los pacientes seguirán esperando. Esperando por un turno, por una llamada, por un trato más humano. Esperando, simplemente, por ser atendidos como lo que son: personas.

Cuando la tierra tiembla y Arequipa apenas parpadea

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Arequipa tiembla
Foto: Peru Travel

El suelo tiembla. Un leve vaivén recorre el piso, los vasos repiquetean en la repisa y el perro, si es joven, tal vez ladre confundido. Pero la mayoría en Arequipa no se inmuta. “¿Sentiste?”, pregunta alguien. “Un ratito nomás”, responde otro. Y sigue el día.

Así se vive en esta ciudad forjada entre volcanes. Aquí los temblores no paralizan ni alteran la rutina: apenas logran un comentario casual o, con suerte, una publicación en redes sociales. Nada más. No hay carreras por las escaleras ni mochilas de emergencia junto a la puerta. Acaso un suspiro. Acaso una broma.

En Lima, cuando la tierra se sacude, los titulares se disparan, los noticieros interrumpen su programación y los grupos familiares explotan en cadenas de alerta. En Arequipa, en cambio, las personas solo se miran y continúan. Porque aquí se ha aprendido (con susto y experiencia) que no todos los movimientos anuncian tragedia.

Pero no es indiferencia. Es historia.

El 23 de junio del 2001, a las 3:33 de la tarde, un terremoto de magnitud 8.4 sacudió el sur del país. En Arequipa, la catedral perdió una de sus torres, se vino abajo parte del centro histórico, cientos de viviendas colapsaron. Murieron más de 100 personas en todo el sur, más de 2 mil quedaron heridas. Fue un día que marcó a toda una generación. Muchos recuerdan el polvo, los gritos, el desconcierto, el miedo pegado a la piel.

Y sin embargo, la ciudad se levantó. Los templos se reconstruyeron, las calles se limpiaron y la vida, como siempre, volvió a abrir las ventanas al sol. Arequipa ha aprendido a convivir con la tierra que respira bajo sus pies. Quizás por eso, ahora, cuando un temblor sacude las sillas por un instante, nadie corre, nadie grita. Solo se ajusta el alma y se continúa.

Hay quienes dirán que es una irresponsabilidad. Otros lo verán como valentía. Pero, más allá de los extremos, lo cierto es que los arequipeños han hecho del movimiento un hábito. Aquí, donde los volcanes vigilan en silencio, se sabe que vivir implica cierto grado de temblor constante. La costumbre no elimina el riesgo, pero lo hace soportable.

“Si no fue fuerte, no fue nada”, dirá alguien. Y en parte tiene razón. Porque en Arequipa ya se ha sentido lo peor. Y desde entonces, la tierra tiembla… y la ciudad respira hondo, pero no se detiene.

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