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Arequipa se ilumina… y compite: la nueva fiebre de los árboles navideños

Este diciembre Arequipa parece haber descubierto una nueva tradición: competir con árboles de Navidad cada vez más grandes, más luminosos y más tecnológicos. Ayer lo vimos con el encendido del árbol interactivo de Caja Arequipa, un gigante brillante que reunió a cientos (quizá miles) de personas en la Plaza de Armas. Entre pantallas que mostraban duendes del Polo Norte, una casita en la base del árbol y un coro que acompañó el conteo regresivo, la ciudad celebró un espectáculo que parecía importado de otra parte del mundo.

Lo curioso es que este árbol no es el oficial de la Municipalidad Provincial. Ese recién se encenderá hoy, y, como si fuera una agenda coordinada, mañana sábado prende el de Yanahuara y el domingo el de Cerro Colorado. Otros distritos (ya lo sabemos) no tardarán en sumarse. La Navidad en Arequipa dejó de ser solo una festividad: se ha vuelto un calendario de encendidos, una especie de maratón luminosa donde cada institución busca destacar.

Y sí, es imposible ignorarlo: son tiempos preelectorales. Muchos distritos y autoridades están más visibles que nunca. Las actividades “para la familia” se multiplican, los adornos se triplican y los fuegos artificiales parecen un mensaje no tan subliminal: “mírennos, aquí estamos, seguimos trabajando”.

Aun así, entre la estrategia política y el brillo comercial, hay algo que vale rescatar: las familias vuelven a reunirse en espacios públicos. Ver la Plaza abarrotada, llena de niños con gorritos rojos, vendedores de globos, turistas que se detienen a grabar y adultos que se emocionan con el coro, recuerda la importancia de la ciudad como punto de encuentro. Los árboles pueden ser parte del show, pero la gente sigue siendo la verdadera luz.

Quizá la discusión no es quién tiene el árbol más alto, más tecnológico o más caro, sino qué lugar ocupa lo público en la vida cotidiana de los arequipeños. Si estos encendidos logran que la ciudad recupere alegría, comunidad y espacio compartido, entonces bienvenidos sean todos los árboles, uno por distrito si es necesario.

Pero también es necesario vigilar. Diciembre no puede convertirse en el mes donde se justifique el gasto excesivo o la promoción política disfrazada de espíritu navideño. La Navidad debería unir, no usarse como vitrina.

Por ahora, Arequipa se ilumina. Veremos cuánto dura el brillo.

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