La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó que desde el 23 de noviembre de 2025 los ciudadanos podrán ingresar a la plataforma digital “Elige tu local de votación” para seleccionar hasta tres locales cercanos a la dirección registrada en su DNI.
Este proceso estará disponible hasta el 14 de diciembre y será clave para quienes participen en las elecciones generales 2026.
El organismo electoral recordó que la dirección y distrito consignados en el Documento Nacional de Identidad (DNI) son los únicos datos válidos para definir los locales disponibles.
Por ello, la ONPE recomendó verificar la información antes de realizar la elección, ya que los cambios de domicilio efectuados después del 14 de octubre de 2025, fecha de cierre del padrón electoral, no serán considerados por el sistema.
“Si mi DNI está en Comas y me mudo a otro distrito, solo podré escoger locales dentro de Comas, porque así figura en el padrón al 14 de octubre”, explicó Marisol Cuéllar, especialista en educación electoral de la ONPE.
Durante el periodo habilitado, los ciudadanos podrán elegir tres recintos de votación dentro de su jurisdicción oficial. La asignación final dependerá de factores como capacidad, accesibilidad y disponibilidad de cada local, informó la ONPE.
Asimismo, el organismo electoral subrayó la importancia de seleccionar las tres opciones para aumentar las probabilidades de obtener un local cercano al domicilio.
El resultado final de la asignación será comunicado oportunamente, permitiendo a los votantes planificar con anticipación su jornada electoral.
El Congreso de la República declaró persona non grata a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tras lo que calificó como una “reiterada injerencia en los asuntos internos del Perú”.
La decisión respaldada por diversas bancadas, se tomó luego de que el gobierno mexicano concediera asilo político a la ex primera ministra Betssy Chávez, investigada por su participación en el intento de golpe de Estado de Pedro Castillo el 7 de diciembre de 2022.
El parlamentario Alejandro Muñante sostuvo que “cualquier país que acoja y proteja a los golpistas se hace cómplice de ellos”, en alusión directa al respaldo de Sheinbaum a Castillo y al refugio otorgado a Chávez. El propio Tribunal Constitucional del Perú calificó los hechos de diciembre de 2022 como un intento de quiebre del orden democrático.
Betssy Chávez, cercana al entorno del expresidente Castillo, permanece en la embajada de México en Lima mientras se resuelve su solicitud de salvoconducto. Desde su refugio, agradeció públicamente a Sheinbaum, calificando el gesto como un acto de “solidaridad latinoamericana”.
Sin embargo, analistas internacionales advierten que la intervención del gobierno mexicano podría agravar la tensión diplomática entre ambos países, ya afectada por el respaldo constante de México a figuras vinculadas al castillismo.
En Arequipa decenas de miles de niños y adolescentes trabajan o están en alto riesgo de hacerlo. Vender dulces en restaurantes, pedir en la calle o acompañar a sus madres en el comercio son escenas cotidianas en el centro histórico y en plataformas comerciales como Avelino Cáceres. Este reportaje reúne estadísticas oficiales, acciones públicas y la voz de la calle para entender por qué los menores terminan trabajando y qué se hace (o no) para protegerlos.
Un problema que no es solo anecdótico: cifras que alarman
El trabajo infantil en el Perú sigue siendo una realidad crítica. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), “alrededor de 2 millones de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años” participan en actividades económicas en el país.
Por grupos de edad, el INEI detalla que el 12,1 % de los menores de 5 a 9 años, el 29,3 % de los de 10 a 13 años y el 40,5 % de los adolescentes de 14 a 17 años estaban involucrados en trabajo infantil. En ciudades, el fenómeno también está presente: un estudio del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIS EPA) señala que aproximadamente el 17 % de menores urbanos trabajan en calles, negocios informales o en el comercio familiar.
En el plano regional, la página oficial de la Gerencia Regional de Trabajo y Promoción del Empleo de Arequipa (GR-TPE) informa que la región ocupa “la cuarta región con un 9,1 %” de menores trabajando o en riesgo, y estima que “2 de cada 10 niños y adolescentes” podrían estar en situación de trabajo infantil. Estas cifras sirven para entender que el fenómeno no es desconocido, sino estructural, y requiere atención sostenida.
¿Por qué trabajan los niños? Causas estructurales
El trabajo infantil no surge de un vacío: es el resultado de factores estructurales que se combinan para que niños y adolescentes terminen trabajando en lugar de estar en la escuela o jugando. En primer lugar, la pobreza sigue siendo el motor principal. Como advierte la Defensoría del Pueblo, “el trabajo infantil genera un ciclo sin fin de pobreza, limita las oportunidades de desarrollo personal y profesional; además, expone a niñas, niños y adolescentes a múltiples formas de violencia y explotación”. En el Perú, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) calcula que más de dos millones de niños entre 5 y 17 años participan en alguna actividad económica.
La informalidad laboral en la región también juega un papel clave. En Arequipa, donde muchos adultos trabajan en el comercio ambulante, el transporte informal o la economía doméstica sin protección, los menores se suman como apoyo económico de sus familias. Esta integración temprana al trabajo es una consecuencia directa de la debilidad de redes formales y de protección social. Asimismo, la deserción o falta de continuidad escolar contribuye al problema. Datos del INEI señalan que el 12,4 % de adolescentes entre 14 y 17 años “estudian y realizan alguna actividad económica” y el 4,5 % “solo trabaja”, lo que demuestra que el trabajo infantil golpea directamente la trayectoria escolar.
Trabajo infantil/ Foto: Andina
Las zonas altoandinas y periféricas también muestran mayor vulnerabilidad: según datos regionales, en Arequipa “cerca del 21 % de menores están en situación de trabajo infantil”, según lo informó un medio local en una reunión del Comité Directivo de Prevención. En esos contextos, la falta de empleo adulto digno, la migración interior y la economía informal empujan a los menores a asumir roles de trabajadores. En resumen, pobreza, informalidad, escolaridad debilitada y contexto geográfico articulan una trampa donde los niños trabajan para sobrevivir.
Formas y riesgos: cómo trabajan los niños en la ciudad
En Arequipa, el fenómeno del trabajo infantil adopta formas muy visibles: niños que venden dulces en restaurantes, adolescentes que piden en las veredas del Centro Histórico o jóvenes que acompañan a sus madres en puestos informales en zonas como la Plataforma Comercial Andrés Avelino Cáceres. Estas actividades pueden parecer inocuas, pero implican riesgos de gran magnitud.
Según datos del INEI, en el país urbano el 17 % de los menores que trabajan lo hacen en calles, empleos informales o negocios familiares, mientras que el porcentaje en zonas rurales es considerablemente mayor (56 %). Estas cifras permiten entender que la economía informal en la ciudad expone a los menores a jornadas prolongadas, condiciones de trabajo sin control y ambientes no diseñados para niños.
Los riesgos van más allá: los menores que trabajan tienen mayor exposición a accidentes de tránsito, calor, polvo, contaminación, instrumentos de trabajo inadecuados y trato desigual. Estudios indican que los menores trabajadores presentan menor asistencia escolar y mayor repetición. En Perú, se ha registrado que el 12,1 % de niños de 5-9 años, el 29,3 % de 10-13 y el 40,5 % de 14-17 años participan en alguna actividad económica, lo que pone en evidencia la magnitud del fenómeno.
En la ciudad de Arequipa, esa realidad se hace visible cada día: en las tardes, niños que deberían estar en la escuela se ven cargando bultos, atendiendo emprendimientos familiares o vendiendo productos en restaurantes. Esta exposición temprana al mundo laboral vulnera su derecho a la educación, al descanso, al juego. Como explica la Defensoría del Pueblo, el trabajo infantil “limita las oportunidades de desarrollo personal y profesional” y constituye una forma de violencia estructural.
Foto: ComexPerú
Además, la informalidad general del contexto impide que se impongan regulaciones efectivas sobre la edad mínima de trabajo, horarios, salario o condiciones laborales para menores. Esa combinación convierte lo que para algunos puede parecer un trabajo leve, en una carga que marca su futuro.
¿Qué dicen las autoridades?
La Gerencia Regional de Trabajo y Promoción del Empleo de Arequipa ha reconocido públicamente que la región está entre las más afectadas y que “menos del 10 %” de los menores en riesgo están siendo atendidos en programas específicos. Según la web oficial de la GR-TPE, “Arequipa es la cuarta región con un 9,1 % de niños y adolescentes que trabajan o están en riesgo”.
El Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) informa que en el Perú el 9,8 % de los menores de 5 a 17 años trabajan, lo que equivale a unos 760 000 niños. Asimismo, la Defensoría del Pueblo también señala que las autoridades locales deben reforzar y articular sus acciones para detectar, prevenir y erradicar el trabajo infantil.
Estas declaraciones muestran que, aunque el problema está en la agenda, las medidas muchas veces no alcanzan la escala necesaria para cambiar la realidad estructural.
¿Existen acciones de prevención?
En la práctica, se han implementado campañas de sensibilización en mercados y plataformas comerciales, por ejemplo la campaña “No al trabajo infantil” de la GR-TPE en 2023. También se desarrollaron operativos y mesas técnicas interinstitucionales de prevención, que involucran a la municipalidad, al MTPE y a la Defensoría.
Transportistas urbanos le dicen NO AL TRABAJO INFANTIL/ Foto: GRTP
Sin embargo, los resultados son dispares. Los operativos suelen ser puntuales, no necesariamente sostenidos; muchos menores regresan al trabajo al poco tiempo por falta de alternativas reales. La cobertura es limitada: en distritos como Cerro Colorado, la informalidad económica es tan compleja que los niños caen en el trabajo sin que haya intervención continua.
Por ejemplo, a pesar de las campañas, los menores que venden dulces en restaurantes o piden en la calle permanecen en situación de riesgo. Un documento de la Defensoría advierte que el sistema de protección “no está aún tipificado completamente” para abordar todas las formas de trabajo infantil.
Lo que se necesita es acción persistente: programas de apoyo económico familiar, fiscalización constante, coordinación entre educación, trabajo social y municipalidad, y oportunidades reales para que los menores estudien, no trabajen.
Entonces… ¿Qué podemos hacer?
Para avanzar, se requieren intervenciones coordinadas y sostenibles:
Programas de transferencia social dirigidos a familias vulnerables, que permitan que los menores no deban trabajar para sobrevivir.
Refuerzo de la fiscalización y presencia municipal en zonas críticas (centro histórico, Avelino Cáceres, mercados informales), con acompañamiento social para evitar que los menores vuelvan al trabajo.
Continuidad educativa garantizada: asegurar que los niños que trabajan puedan volver a la escuela y terminar la secundaria.
Campañas de sensibilización sostenidas, no solo puntuales: involucrar a padres, comerciantes, docentes y trabajadores informales en la identificación del problema.
Fortalecer la articulación entre entidades: MTPE, MIMP, municipalidades, Defensoría del Pueblo, escuelas, ONGs; con metas, indicadores y transparencia. Por ejemplo, la Defensoría hace un llamado constante a reforzar la articulación institucional como medida clave.
Crear oportunidades de empleo digno para los adultos informales, para que no dependan del ingreso de los menores.
Si estas acciones se implementan con seriedad, Arequipa podrá comenzar a reducir el número de menores trabajando y avanzar hacia el cumplimiento del derecho a la infancia. Este no es un problema de voluntarismo: es una obligación ética y social.
Foto: EFE
El trabajo infantil en Arequipa no es un asunto de simple moralismo: es una consecuencia directa de la pobreza, la informalidad y la falta de redes de protección eficaz. Las cifras oficiales y la observación de la calle coinciden: muchos menores siguen trabajando, y las respuestas aún son fragmentarias.
Erradicar esta realidad exige políticas valientes, sostenidas, inversión en protección social, educación y empleo decente para las familias. También requiere una cultura ciudadana que entienda que cada niño que vende un dulce en un restaurante es una señal de que algo está fallando.
Las autoridades lo reconocen, los programas existen, pero el ritmo del cambio no está a la altura de la urgencia. Y mientras el adoquín de la calle se convierta en aula y el carrito de venta en la escuela, la infancia seguirá siendo víctima de la necesidad.
Como sociedad, tenemos que preguntarnos: ¿preferimos que un niño esté en clase o que esté en la vereda? ¿Valoramos su derecho a la educación, al juego, al desarrollo pleno? Si la respuesta es sí, el camino es claro: acción concertada, urgente y permanente. Porque el futuro de Arequipa depende también de que sus niños vivan para aprender, no para sobrevivir.
Son 30 los soldados del cuartel Mariano Bustamante que fueron detenidos por la Policía Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, al encontrarlos desarmando una estructura de «La Tarumba». Ellos habrían sido enviados aquí para trabajar en el desmontaje usando presuntamente recursos del Estado para fines particulares.
Según información policial, los militares fueron trasladados para esta labor en vehículos oficiales de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, vestían indumentaria del circo como si fueran trabajadores de esta compañía.
La Fiscalía señaló que entre los intervenidos figuran el coronel Marco Antonio Quispe Astete, jefe de la Tercera Brigada de Servicio, y el técnico de segunda, Justo Palomino Quispe. En ese sentido, se anunció una investigación por el presunto delito de peculado a todos los involucrados.
Los militares fueron trasladados a la sede de la Dirección Contra la Corrupción para las diligencias de ley, con participación de la Fiscalía. Los familiares de los soldados acudieron hasta esta sede para pedir que se esclarezca el caso.
Soldados intervenidos/ Foto: Difusión
A través de un comunicado, la Tercera División del Ejército del Perú confirmó que la tropa participaba en actividades ajenas a su función militar. Por ello, indicaron que brindarán todas las facilidades del caso para determinar las responsabilidades y sanciones.
La institución militar señaló además que la Inspectoría General ya activó un proceso para esclarecer los hechos conforme a lo dispuesto en la Ley N.º 29131, que regula el régimen disciplinario de las Fuerzas Armadas.
El presidente José Jerí anunció este lunes que la encargada de negocios de la Embajada de México en Perú, Karla Ornela, deberá abandonar el país luego de que el Gobierno mexicano otorgara asilo político a la ex primera ministra Betssy Chávez.
A través de su cuenta en ‘X’, el mandatario expresó un mensaje firme:
“¡Respeto a nuestra patria! Con motivo de la ruptura de las relaciones diplomáticas, la encargada de la embajada de México en el Perú fue informada hoy por el canciller de que tiene un plazo perentorio para abandonar nuestro país”.
La decisión del Ejecutivo se produce tras el anuncio del canciller Hugo de Zela, quien confirmó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Perú y México debido al asilo concedido a Chávez.
Mientras tanto, la exministra permanece dentro de la residencia oficial de la Embajada de México, ubicada en el distrito limeño de San Isidro, donde agentes policiales vigilan los alrededores, según constató el medio Willax Noticias.
El caso ha generado expectativa, ya que aún se desconoce si el Gobierno peruano otorgará el salvoconducto necesario para que Betssy Chávez pueda salir del territorio nacional rumbo a México.
Betssy Chávez, ex primera ministra durante el gobierno de Pedro Castillo, se encuentra asilada en la residencia de la Embajada de México en Lima.
La también excongresista, procesada por su presunta participación en el fallido golpe de Estado de diciembre de 2022, habría solicitado protección diplomática al gobierno mexicano ante el avance de las investigaciones en su contra.
El canciller Hugo de Zela confirmó el hecho durante una conferencia de prensa ofrecida en Torre Tagle. “Hemos conocido con sorpresa y con profundo pesar que la señora Betssy Chávez está siendo asilada en la residencia de la Embajada de México”, declaró. El funcionario calificó la decisión como un “acto inamistoso”, y anunció que el Perú ha decidido romper relaciones diplomáticas con la nación mexicana.
De Zela recordó que no es la primera vez que las autoridades mexicanas intervienen en temas internos del Perú, situación que según dijo ha generado reiteradas tensiones diplomáticas. “Considerando las continuas injerencias del actual y el anterior presidente de México en nuestros asuntos internos, el gobierno peruano ha tomado la decisión de romper relaciones diplomáticas”, enfatizó.
Con esta medida, el Ministerio de Relaciones Exteriores procederá al retiro del personal diplomático peruano acreditado en México. Mientras tanto, el caso de Betssy Chávez vuelve a reavivar el debate sobre el asilo político y las tensiones bilaterales que se arrastran desde la crisis del 2022.
Cada 2 de noviembre, miles de arequipeños acuden a los cementerios con flores, velas y oraciones para rendir homenaje a sus seres queridos. Es una tradición hermosa, un acto de memoria que une generaciones y nos recuerda que el amor no termina con la muerte. Sin embargo, en los últimos años, esa costumbre parece haberse distorsionado. Lo que debería ser una jornada de recogimiento se ha convertido, en muchos casos, en una excusa más para beber, hacer bulla y ensuciar los espacios sagrados.
Un claro ejemplo fue lo ocurrido este año en el Cementerio Municipal de Cerro Colorado, donde, pese a las advertencias de las autoridades y a la prohibición expresa del ingreso de bebidas alcohólicas, decenas de personas entraron con botellas escondidas entre las bolsas o dentro de mochilas. Adentro, las escenas eran preocupantes: grupos de personas ebrias cantando a gritos, vasos tirados en el suelo, botellas rotas entre las flores y basura por todos lados.
El ambiente, que al inicio estaba lleno de música, oración y color, terminó convirtiéndose en un caos. Mientras algunas familias rezaban o colocaban velas junto a las tumbas, otras instalaban mesas y sacaban licor como si estuvieran en una fiesta. A pocos metros, los baños improvisados y el olor a cerveza reemplazaban el aroma de las flores.
¿Acaso muchos aprovechan esta fecha para embriagarse sin culpa, amparados en el pretexto de “recordar a los que ya no están”? ¿O hemos normalizado tanto el desorden que ya no nos incomoda ver un cementerio convertido en bar?
Personas libando licor en Cementerio Municipal
Fuera del camposanto, la situación no era mejor. Los alrededores del cementerio estaban saturados de autos y ambulantes. Los estacionamientos informales cobraban hasta cuatro soles por hora, generando discusiones y hasta peleas entre quienes buscaban un espacio. En medio del desorden, se hablaba de robos, golpes y licor. Todo eso en un día que debería simbolizar unión, respeto y memoria.
El Día de los Difuntos es, o al menos debería ser, un momento para reencontrarnos con nuestras raíces, con el cariño que aún sentimos por los que partieron. No se trata de prohibir la alegría o la música, porque cada familia honra a los suyos a su manera. Pero hay una diferencia clara entre recordar con amor y olvidar el respeto.
En Arequipa, la devoción y las costumbres no deben perderse. Las orquestas, las mesadas, los rezos y las flores forman parte de una tradición viva, que merece conservarse. Pero si cada año dejamos los cementerios cubiertos de basura, con botellas rotas y orines en las veredas, lo que estamos haciendo no es rendir homenaje: es traicionar el sentido mismo de la fecha.
Recordar a los muertos también implica actuar con conciencia entre los vivos. Tal vez ha llegado el momento de reflexionar si realmente estamos honrando a quienes amamos, o simplemente repitiendo una costumbre vacía, disfrazada de celebración.
El sol de Arequipa se escondía detrás de una ligera neblina la mañana del 2 de noviembre, como si también quisiera acompañar a los miles de arequipeños que, desde temprano, se dirigían a los distintos cementerios de la ciudad. Las calles que rodean lugares como La Apacheta, Cerro Colorado, Characato o Yura se llenaban de autos, vendedores ambulantes y familias cargadas de flores, sillas, toldos y comida. Era el Día de los Difuntos, una tradición que une generaciones y convierte el luto en una jornada de reencuentro y memoria.
A la entrada del Cementerio Municipal de Cerro Colorado, el aire estaba cargado de aromas: incienso, flores frescas y pollo al horno. Las voces se mezclaban con los sonidos de huaynos, marineras y valses que salían de parlantes improvisados. Desde temprano, algunas familias habían instalado pequeños toldos junto a las tumbas. Colocaban manteles, desplegaban sus sillas y organizaban lo que muchos llaman la mesada, un altar hecho de recuerdos, comida y cariño.
Foto: Noelia Ramos
En una esquina, un grupo de hermanos servía platos de arroz con pollo y refresco de cebada mientras sonaba una orquesta en vivo. “Así le gustaba a mi papá, alegre, con música y comida”, decía uno de ellos, levantando el vaso en su honor. No faltaban las carcajadas, ni los silencios que decían más que las palabras.
Más allá, una anciana rezaba el rosario frente a la tumba de su esposo. Tenía los ojos cerrados y el rosario apretado entre las manos. A su alrededor, sus hijos colocaban flores, velas y un retrato en blanco y negro. “Vengo todos los años”, contaba con voz suave, “porque aquí no se llora, aquí se recuerda”.
El ambiente era una mezcla de fiesta y devoción. En cada pasillo, las orquestas tocaban huaynos y cumbias, los niños corrían entre las cruces y los adultos conversaban recordando historias de quienes ya partieron. En algunos espacios, se veían mesas llenas de panes, frutas, gaseosas, cerveza y hasta pequeñas tortas. Había quienes compartían su comida con los visitantes, como si esa comunión entre desconocidos también fuera una forma de celebrar la vida.
A medida que avanzaba la tarde, el cementerio se volvía un mosaico de colores: coronas amarillas, flores rojas, velas encendidas y globos que se elevaban al cielo. El murmullo de las oraciones se confundía con el sonido de los saxos y bombos de las bandas locales, que iban de tumba en tumba tocando a pedido. Algunas familias contrataban a músicos para dedicar una última canción a sus seres queridos. Otras simplemente entonaban sus propias voces, quebradas, pero llenas de sentimiento.
“Nos juntamos todos los años aquí. Es como si fuera una reunión familiar”, decía un joven mientras limpiaba la lápida de su abuelo. “No venimos a llorar, venimos a agradecer”.
Con el caer del sol, el cementerio comenzó a iluminarse con pequeñas luces. Las velas brillaban entre las flores, y el humo del incienso se elevaba despacio, como un puente entre la tierra y el cielo. Las últimas oraciones se mezclaban con las notas finales de los músicos. Algunos seguían comiendo, otros simplemente se quedaban mirando la tumba, en silencio, con esa mezcla de tristeza y paz que solo el recuerdo puede traer.
En Arequipa, el Día de los Difuntos no es solo una fecha religiosa, es una expresión profunda de identidad y amor. Es la manera en que los vivos conversan con los muertos, donde el respeto convive con la alegría, y donde la memoria se celebra con huaynos, flores y comida. Porque aquí, en esta tierra volcánica, ni la muerte logra borrar los lazos del corazón.
La Facultad de Psicología, Relaciones Industriales y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa celebró con orgullo su 41° aniversario de creación, reafirmando su compromiso con la excelencia académica, la formación integral de los estudiantes y el servicio a la sociedad arequipeña y peruana. Cuatro décadas de historia respaldan el trabajo constante de docentes, administrativos y alumnos que, con esfuerzo y vocación, mantienen viva la esencia de esta gran familia universitaria.
Durante toda su trayectoria, la facultad se ha consolidado como uno de los pilares más importantes de la UNSA, albergando a cuatro escuelas profesionales que reflejan la diversidad de talentos y disciplinas que la componen: Psicología, Relaciones Industriales, Periodismo y Relaciones Públicas. Cada una de ellas aporta su mirada y compromiso particular a la construcción de una comunidad universitaria basada en los valores del conocimiento, la ética y la responsabilidad social.
Distintas actividades
Las actividades conmemorativas por el 41° aniversario fueron una verdadera muestra del espíritu que caracteriza a la facultad. Las celebraciones iniciaron con una mañana deportiva, donde la camaradería y la energía de los estudiantes se hicieron notar desde las primeras horas del día. A través de competencias, juegos y momentos compartidos, se fortalecieron los lazos entre los miembros de las distintas escuelas, demostrando que el trabajo en equipo y la unión son tan importantes como el aprendizaje en las aulas.
El concurso de danzas fue otro de los momentos más esperados. Entre trajes coloridos, música tradicional y coreografías llenas de vida, los estudiantes rindieron homenaje a la cultura peruana, recordando que ser parte de la UNSA también implica reconocer nuestras raíces y celebrar la riqueza del país. Cada presentación fue una muestra de talento, esfuerzo y orgullo agustino, reflejando el amor por la facultad y la pasión por dejar en alto su nombre.
Escuela de RR.II., ganadores del concurso de danzas/ Foto: RR.II.
La verbena universitaria reunió a toda la comunidad en una noche de alegría, música y compañerismo. Bajo las luces del escenario, los jóvenes compartieron risas, canciones y momentos inolvidables que recordarán como parte de su paso por la universidad. Fue una velada que demostró que la vida universitaria no solo se construye en las aulas, sino también en los espacios donde se comparten experiencias, sueños y amistades que perduran.
Verbena en la universidad/ Foto: Mishell Quispe
El punto culminante de la semana de aniversario fue la sesión solemne, espacio donde las autoridades, docentes y estudiantes se reunieron para reconocer el camino recorrido y proyectar los desafíos del futuro. En esta ceremonia, se destacó la labor de todos aquellos que, con dedicación y esfuerzo, han contribuido al crecimiento y prestigio de la facultad.
Profesionales comprometidos
A lo largo de sus 41 años, la Facultad de Psicología, Relaciones Industriales y Ciencias de la Comunicación ha formado generaciones de profesionales comprometidos con el desarrollo humano, social y comunicacional del país. Desde los psicólogos que acompañan y transforman vidas, hasta los especialistas en relaciones industriales que impulsan la gestión organizacional con ética y liderazgo. Desde los periodistas que informan con veracidad y vocación de servicio, hasta los comunicadores en relaciones públicas que construyen puentes entre las instituciones y la ciudadanía. Todos comparten un mismo espíritu: el de ser agustinos que aman lo que hacen.
Cada aniversario no solo marca el paso del tiempo, sino también el fortalecimiento de una identidad común. Ser parte de esta facultad significa pertenecer a una comunidad que cree en el poder del conocimiento, en la responsabilidad de la palabra y en la pasión por transformar la sociedad. Por ello, más allá de las celebraciones, este aniversario representa un llamado a seguir creciendo, a seguir soñando y a seguir construyendo juntos el futuro.
Con orgullo, pasión y amor por la universidad, la Facultad de Psicología, Relaciones Industriales y Ciencias de la Comunicación reafirma su compromiso con la formación de profesionales íntegros, humanos y comprometidos con el país. Están continuando la misión que hace 41 años le dio origen: servir a la sociedad desde el conocimiento, el respeto y la excelencia.
La agrupación musical Jallalla Warmis Sikuris, integrada por mujeres artistas del sur del Perú, inicia su primera gira sudamericana. “Jallalla Warmis: ¡Que vivan las mujeres!” llevará la música autóctona andina a Chile, Bolivia, Argentina y Perú.
Esta gira, representa un logro importante para la música tradicional del Perú, ya que será la primera vez que una agrupación de solo mujeres toquen el sikuri. Este instrumento, era tocado solo por varones en la antigüedad y las mujeres, se dedicaban solo a bailar.
El primer concierto de la gira se realizará aquí en Arequipa, luego se trasladarán hasta Tacna y seguidamente a Santiago de Chile, donde participarán en el Encuentro de Warmi Sikuris y Warmi Lakitas.
Jallalla Warmis, el nombre de la agrupación, proviene del quechua y del aymara. Jallalla, significa «Qué vivan» y Warmis, significa «mujeres». En conjunto el nombre en castellano sería ¡Qué vivan las mujeres!
Durante la gira, la comunidad realizará presentaciones musicales, talleres y encuentros interculturales en universidades, casas culturales y espacios comunitarios, promoviendo el intercambio artístico y la integración regional. Actualmente más de 200 mujeres participan de estas actividades solo en la región de Arequipa.
«Únanse, tomen sus raíces: su lengua materna como el quechua y el aymara. Tomen esa fuerza, porque en esa fuerza, nuestra lengua materna, la melodía de nuestros ancestros nos han dejado nuestras historias y nuestra fortaleza«, finalizó Nathaly Gonzáles, director musical de la agrupación.